Las excavaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en el convento de Santa Clara, ubicado en Pontevedra, han permitido sacar a la luz hallazgos. Entre los descubrimientos destaca la localización de un cerebro saponificado, un órgano que ha sufrido un proceso químico mediante el cual se ha convertido en jabón. Los investigadores señalan que se trata del primer caso documentado de estas características en la península ibérica y uno de los pocos conocidos a nivel internacional, existiendo únicamente tres antecedentes similares documentados en Argentina, Chile e Italia.
El vicepresidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Domínguez, ha presentado este lunes los últimos resultados de los trabajos arqueológicos junto al equipo responsable de las actuaciones. Las intervenciones afrontan actualmente su último mes de trabajo de campo antes de dar paso a una nueva fase que estará dedicada al estudio de laboratorio de los materiales recuperados. Domínguez ha destacado que estos descubrimientos sitúan al convento como un enclave «pionero en el mundo» y abren nuevas líneas de investigación sobre la historia del convento y de la ciudad de Pontevedra.
Enterramientos e indumentaria en el interior de la iglesia
Los principales hallazgos se han registrado en el interior de la iglesia. En este espacio se han localizado enterramientos pertenecientes a religiosas. Aunque sus restos óseos se encuentran muy deteriorados, se han podido conservar los sudarios. Asimismo, se han hallado los restos de dos menores, uno de los cuales conservaba zapatos.
Entre las sepulturas documentadas resalta también el cadáver de un capellán enterrado delante del altar. Este cuerpo conserva sus zapatos y buena parte de su indumentaria. La relevancia de este hallazgo radica en el estado de conservación de los elementos textiles.
Avances en la estructura del claustro y miles de piezas recuperadas
Las intervenciones han permitido avanzar en el conocimiento de la configuración original del claustro. Tras continuar con las excavaciones en la zona donde se había documentado una rampa, los técnicos han hallado elementos que refuerzan la hipótesis de que el claustro pudo contar inicialmente con tres alas. Del mismo modo, se ha documentado una nueva estructura rectangular situada hacia el sur del bosque. Aunque su funcionalidad todavía no ha podido determinarse, el equipo arqueológico apunta a que podría tratarse de uno de los elementos estructurales más antiguos conservados dentro del recinto.
En el apartado de materiales, se han documentado ya más de 3.000 elementos. Entre las piezas figuran restos cerámicos datados entre finales del siglo XIV y el siglo XIX, además de monedas, vidrios y piezas líticas.
